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La crisis se produce cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. [Bertolt Brecht]

El consumo (III): El consumo en las sociedades antiguas

Nota: Esta es la parte III de un total de VIII de una serie sobre el concepto de consumo. Índice.

El consumo en las sociedades antiguas
La mentira más grande siempre contada.

El sistema de producción tal y como lo conocemos no ha existido nunca con anterioridad a nuestra época, sino que en las sociedades antiguas la noción de producción-consumo adquiría un significado muy diferente. De la misma forma, y como resulta evidente, tampoco el mercado tenía igual significado ni extensión en comparación con el actual. Ambas ideas han sido justificadas atendiendo a la supuesta maldad de la naturaleza humana y el presunto egoísmo inherente al ser humano, y se les ha concedido un carácter universal e histórico.

De acuerdo con los estudios de Karl Polanyi “la ganancia y el beneficio obtenidos en el intercambio no desempeñaron jamás una parte tan importante en la economía humana”.

De hecho esto es lo que se enfrenta con las argumentaciones que justifican la noción contemporánea de producción. Recordemos que el actual objetivo racional es servir al crecimiento económico que nos conduce por la senda del progreso infinito, de modo que es necesario reproducir de forma ilimitada el proceso productivo siempre en un nivel por encima del anterior. Requisito fundamental para ello es obtener un excedente económico en el intercambio.

Sin embargo, en las sociedades antiguas el ser humano se caracterizaba por la “ausencia de la motivación de ganancia”, y durante la edad media las normas morales, fundamentalmente cristianas, consideraban a ésta y a la avaricia como pecados. Bastante tiempo antes Aristóteles ya denunciaba el principio de producción para la ganancia como algo “no natural para el hombre”.



Por regla general el sistema económico se integraba dentro del sistema social al que debía servir, a la vez que la sociedad se administraba por motivaciones no económicas. Ejemplo representativo de esta idea es que durante el medievo, cuando se introducía una nueva tecnología, ésta era bienvenida como una herramienta para trabajar menos y ampliar así el tiempo libre (1).

Algunos estudios (2) van más allá y describen cómo en las sociedades antiguas el hombre tenía la capacidad técnica para crear un excedente, pero que no lo entendían necesario por ya sobrepasar el mínimo de subsistencia.

Según fue transformándose el sistema social y económico, y por ello la mentalidad de los individuos, la avaricia que hasta entonces fue pecado se convirtió en una cualidad que caracterizaba al emprendedor, a la vez que la sociedad se subordinaba a las leyes de un nuevo mercado abstracto.

En lo que se refiere al consumo, no existía en la concepción actual. En las sociedades antiguas destacaba la “inmutabilidad del hombre como ser social”, que “no actúa para salvaguardar sus intereses individuales en la posesión de bienes materiales, sino para salvaguardar su posesión social, sus derechos sociales, sus activos sociales”. Por ello el hombre “valúa los bienes materiales sólo en la medida que sirvan a este fin”.

Es decir, el ser humano entonces no consideraba la riqueza material como algo que le proporcionara satisfacción, sino que la felicidad la encuentra en la afectividad social y en el reconocimiento social (dado el cual no era conveniente un comportamiento distinto en el modo de actuar).

No podemos, tras lo dicho, idealizar las sociedades antiguas y pensar que eran unas utopías pseudo-socialistas. Ni mucho menos. Lo que se pretende aquí es rechazar la idea actual de producción-consumo que encuentra su justificación en premisas morales presuntamente inherentes al comportamiento humano, y que sin embargo no encuentran reflejo más que en la sociedad actual. Como más adelante expondremos este comportamiento tiene sus causas en la determinación social.

Notas:

1.
Esto es lo que ocurrió, nos cuenta J. M. Naredo, en el occidente cristiano medieval tras la generalización del uso de la fuerza motriz del viento y del agua.
2. Marshall Shalins, Edad de piedra, edad de abundancia; y Piere Clastres, La sociedad contra el Estado.
Bibliografía: Karl Polanyi, La Gran Transformación; J.M.Naredo, La economía en evolución; Erich Fromm, el miedo a la libertad

Referencias

Dirección para referencias

  1. Referencia de PLANET www.Red Progresista.com » Blog Archive » El consumo (III): El consumo en las sociedades antiguas hace 2 años y 31 meses

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